Sonja Blonde autora romántica — Sin ti

Sin ti

Sonja Blonde

¿Se puede salvar un matrimonio cuando la pasión se desvanece? Esta historieta estudia una relación que ha entrado en una crisis. La situación les confunde a los personajes de «Sin ti» que no están seguros si tendrán la fuerza para luchar por el otro. Pero qué sucede si aparece un tercer carácter, también?

58 páginas.

Sin ti (extracto)

Sonja Blonde

 —¿Qué te parece la nueva novia de Liam? —preguntó Lisa.
 John miró a su alrededor, buscando a su vecino, que había superado rápidamente su divorcio y ya se había mudado a vivir con su nueva pareja.
 —¿Te refieres a Melanie? —preguntó con un tono indiferente, mientras se sentaba a la mesa del restaurante de comida rápida con una bandeja en la mano. Colocó la hamburguesa solicitada delante de cada miembro de la familia y vertió las patatas fritas en la bandeja, que colocó en el centro de la mesa.
 —Es una chica muy atractiva, —comentó —y no sé qué perfume lleva, pero es sin duda muy excitante.
 La comida casi se le atraganta a Lisa. Esa no era la respuesta que ella esperaba. De hecho, no esperaba escuchar ninguna respuesta. Ella también se había dado cuenta de lo decorativa que era la nueva vecina, que salía a correr por las mañanas, y que su aspecto era bien cuidado y su vestimenta impecable. Ahora llevaba un mono corto de color verde hierba, con tirantes, que combinaba a la perfección con su pelo rubio platino y con sus ojos verdes. Su cabello y sus uñas siempre estaban impecables, lo que provocó la envidia de Lisa, que se comprometió consigo misma a cuidar mejor su aspecto. Con Melanie solía cruzarse generalmente cuando pasaba a recoger las bolsas de la compra de los ancianos. Su vecina iba a por productos recién horneados con una vestimenta de calle perfecto, e incluso se aseguraba de que sus zapatos y su bolso fueran a juego con su ropa. Todo esto a primera hora de la mañana, para una compra de unos quince minutos. La mayor parte de las veces Lisa fingía no verla, y esperaba sinceramente que Melanie tampoco la viera con su camisa estirada y sus pantalones cortos arremangándose sobre sus muslos. Debido a que también debía de realizar algunas tareas de limpieza y lavado para las personas de las que cuidaba, prefería llevar ropa que no le diera pena si se manchaba. De vez en cuando pensaba en que también podría cambiarse en las casas que visitaba, pero al final siempre se convencía de que era totalmente innecesario ponerse guapa para el poco tiempo que estaría en la calle.

 —Pues entonces vete a sentarte con ella, si es tan atractiva —gruño Lisa, y se metió tres patatas fritas en la boca.
 —Tú fuiste quien preguntó —resopló John. —¿Qué se supone que debería haber dicho? ¿Qué me parece fea? ¿Por qué haces preguntas estúpidas, si después te vas a ofender? Eres tan irritante, cuando te comportas así.
 Lisa empezó a comer su hamburguesa, mientras se esforzaba por no llorar. Miró de reojo a Melanie con enfado, que hurgaba sin ganas con el tenedor en una ensalada de quien sabe qué.
 —Como si la ensalada de un restaurante de comida rápida fuera tan saludable —susurró enfadada, mientras intentaba volver a colocar en su sitio los aros de cebolla que se habían caído de su hamburguesa.
 —¿Sigues hablándome a mí?
 —¡John, por favor, para! No te metas conmigo delante de las niñas…
 —Estás creando problemas porque otra vez se te han subido a la cabeza los celos.
 —John, por favor…
 John arrojó con rabia el envoltorio de la hamburguesa al centro de la mesa.
 —¿Por qué me haces siempre enfadar…?

 Continuaron en silencio su habitual cena del sábado por la noche. A Lisa no le cayó bien la comida. Se acababa de dar cuenta de que nunca antes había estado realmente celosa. A menudo se había fijado en la forma en que algunas mujeres miraban a su marido, pero John nunca había demostrado interés por nadie cuando estaba con ella. Su marido siempre fingía no darse cuenta de las miradas anhelantes que recibía. Es cierto que estaba al tanto de que a él le gustaba coquetear, pero nunca dijo de nadie que era una mujer guapa o atractiva. ¡Y mucho menos que le parecía excitante…! Le habría sacado los ojos a una mujer que John describiera de esa forma. O al menos eso pensaba. Ahora que él había pronunciado esa frase tan casualmente, que su olor le parecía excitante, se había quedado completamente bloqueada.

 Para cuando llegaron a casa Lisa se dio cuenta de por qué esas palabras en particular le habían dolido tanto. Nunca había escuchado a John decirle algo así a ella. El único cumplido que le había oído decir era: «cuando te miro, se me pone dura».
 Otra cosa es que a John se le ponga dura prácticamente por cualquier cosa y en cualquier momento.

 Dio vueltas en la cama durante mucho tiempo, pero no logró conciliar el sueño. Evocó a Melanie con su vestido verde y sus uñas pintadas de color metal. ¿Qué perfume podría llevar que incluso su esposo la encontraba excitante? Tanto ella como John compraban su perfume en el supermercado, no podían permitirse nada más caro. Su marido solía describir las fragancias que utilizaba como «no está mal» o «está bien». El olfato de John no era muy sofisticado, él mismo prefería elegir sus colonias en función del precio. ¡Y había dicho que encontraba excitante aquel perfume!