El amor es amor
Sonja BlondeCada uno de nosotros ama de una forma diferente. Tarde o temprano descubriremos quiénes somos en realidad, y lo que es más importante: qué es lo que nos hace felices. Esta es una aventura muy especial de June, Daniel, Tim y Sue.
60 páginas.El amor es amor (extracto)
Sonja Blonde
Rita, la directora de marketing, jugaba pensativa con la bolsita de té. La ponía a flotar en la taza dándole vueltas, la sacaba y la volvía a meter. Volvía a sumergirla y la levantarla de nuevo, mientras miraba pensativa hacía ningún lugar. —¿En qué estás pensando? —preguntó June con cautela —. ¿Te preocupa algo? —Sí, algo me preocupa. Creo que esa es la palabra correcta… —¡Dime qué pasa, de lo contrario creeré que quieres renunciar! —¿Bromeas? —una sonrisa se dibujó en los labios de Rita —¿De un lugar como este? – Hizo un gesto con la cabeza hacia las llaves del coche que estaban sobre el mostrador. Ambas rieron. —Está bien, si te ríes, entonces sé no pasa nada grave. —No, nada grave. Me han asignado a una joven que está en prácticas. Estoy contenta y no a la vez. Tiene talento, es inteligente, pero ahora no sucede nada que valga la pena mencionar, todo el departamento está desocupado. Estuvimos meses trabajando en la campaña que acabamos de iniciar la semana pasada. Por fin llegan unas semanas de inactividad, y una cosa es que no se me ocurra nada que le pueda asignar, pero ni ganas tengo de esforzarme. Seguro se me podría ocurriría algo, pero… —¡Tengo una idea! —interrumpió June—Llevo mucho tiempo planeando llevar por unos días a los colegas a un viaje para unir al equipo. Se lo merecen, trabajan mucho. Si no te importa, ella podría organizarlo para nosotros. Rita levantó una ceja dudosa y encogió los hombros. —Pues, después de todo… —¡Genial, entonces así quedamos! Envíamela, mientras yo busco un buen lugar. De eso no tiene que preocuparse. Estaría muy contenta si pudiera elaborar un programa de tres días para nosotros y organizarlo. Al menos se mantendrá ocupada. Para cuando termine, tal vez ya tengas algo en que te pueda ayudar.
June sintió que se le subía la sangre por la nuca mientras volvía a teclear el nombre en el buscador. Desgraciadamente, lo recordaba bien. Tim Reeds había abierto un consultorio privado en una ciudad industrial a ciento treinta millas de distancia. Allí encontraron su sede algunas de las mayores marcas mundiales, y varios bloques de oficinas de servicios compartidos para empresas se alzaron en el centro de la ciudad. También contaba con una gran fábrica farmacéutica y un centro de ensamble automotriz, donde Tim Reeds, por alguna extraña razón, decidió echar raíces.
—¿En serio? —Melanie giró el papel impreso con incredulidad. —¿Por qué no iba a serlo? —preguntó June secamente. A pesar de sus dudas respondió con determinación, puesto que no le gustaba si cuestionaban sus instrucciones. —¿El destino es una ciudad industrial? —¿Qué tiene de malo? Como puedes ver, hay centros de servicios también. Nunca se sabe dónde o cuándo decida la empresa trasladar alguna de sus actividades. Por ejemplo, el marketing —apuntó June con firmeza —Además, tengo entendido que te gustan los retos. Y esto lo es. En un lugar como éste, será todo un arte organizar una estancia fenomenal de tres días para el equipo. —Es cierto, —asintió Melanie con los ojos abiertos y una mirada preocupada— es muy cierto.
June carraspeó cuando la aprendiz de marketing cerró la puerta tras ella. El nudo en su garganta seguía allí. Bebió un vaso de agua, pero sirvió de nada. Se le encogió el estómago y le empezaron a sudar las palmas. “No soy normal… ¿Qué demonios estoy haciendo? ¿Estoy arrastrando a otras diecisiete personas conmigo para poder ver a Tim? ¿Y qué pasa si no consigo verlo? Que estemos en la misma ciudad no significa que nos encontremos en la tienda de la esquina…”
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—¿Esa chica ha perdido la cabeza? —exclamó Daniel molesto— ¿Viajar tanto para pasar tres días en una ciudad industrial? ¿Por qué no vais a algún lago o a la montaña? Eso tendría más sentido, pero ver edificios de oficinas y fábricas farmacéuticas… supongo que Rita no la mantendrá por mucho tiempo. Pero sería mejor que se fuera antes de que os organice una excursión abominable… —Vamos, Daniel, no seas así. Tal vez ella sabe algo, y por eso lo organiza allí. No juzgues hasta que no conozcas todas las circunstancias —carraspeó June. El nudo que había desaparecido poco a poco durante el transcurso de la noche, volvió a su garganta. Por suerte, Sam también se había sentado en la mesa del comedor con una taza de cacao en la mano. —¿Eso es todo? —se sorprendió su padre. A tu edad, me habría comido un caballo entero para cenar si me lo hubieran puesto delante. Sam sonrió ante la broma de su padre. Se revolvió ligeramente el cabello y se llevó la taza a la boca. —¡Qué reloj! ¿Dónde has conseguido un reloj tan caro? —señaló Daniel a la muñeca de su hijo. Sam parecía avergonzado. —¿Ni te acuerdas? —June se apresuró a ayudar a su hijo—. Siempre guardó el dinero que le daban tus padres. Estuvo ahorrando durante años para poder comprarlo. Daniel levantó las cejas pensativo. —Realmente no lo recuerdo, pero estoy seguro de que mi madre y mi padre son muy generosos cuando se trata de sus nietos. Úsalo con gusto hijo, es un reloj muy bonito. Sam no tenía ni idea de que su madre conocía su secreto. June amaba y respetaba más a su marido como para ponerlo en ridículo. También le encantaba la paz que reinaba en su casa. Rara vez discutían, y quizás nunca salió una mala palabra de los labios de ningún miembro de la familia. La pasión no estaba presente de ninguna forma en la familia Hunnings.
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—¿Realmente necesitas diecisiete extras para ver a Tim? Espero sinceramente que por lo menos tengas el valor de llamarlo primero. —Netti! ¿Cómo podría llamarlo? ¿Con qué pretexto? —Con cualquier razón —la amiga de June empezó a gesticular nerviosa —. Llámalo y queda con él para veros. —¡De ninguna manera! ¿Y si se niega? —Así puedes cambiar rápidamente el destino del viaje. June se apoyó en la mesa y se enterró las manos en la cara. —¿Crees que estoy haciendo una tontería? —¿Es una pregunta? ¿Te refieres a lo de perseguir al amor de la infancia? —Tú también estabas enamorada de él —espetó June. —Hace muchos años. Desde entonces, me he casado, he tenido hijos, me he divorciado y me he reunido con el hombre de mi vida. Por lo que sé, tú también estás casada y tu matrimonio funciona bien. ¿Qué quieres? La cara de June ardía de vergüenza. —Sólo quisiera verlo una vez como adulto. —¿Y por eso arrastras a un todo un grupo de gente a un viaje de tres días y dejas en ridículo a una aprendiz? ¿Qué dijo su jefe? —No la he visto aún desde entonces… — a June se le apagó la voz. —Creo que deberías dejar este asunto de Tim, e irte a algún pueblo bonito de montaña. Ir de excursión, tomar aire fresco. Además, supongo que él también tiene familia. Es médico, es guapo, no creo que se haya quedado solo.
June se volcó en su trabajo para distraerse. Faltaban tres semanas para el viaje de su equipo de trabajo, bien podría haber tenido suficiente tiempo para cambiar de opinión. Por suerte, nadie se había puesto en contacto con ella ese día, salvo sus subordinados inmediatos, a los que prefirió no decir nada sobre el lugar a donde irían. Se dio un poco más de tiempo para poder explicar por qué una ciudad industrial es la mejor opción para un programa de este tipo.