El profesor
Sonja Blonde¿Podemos resistirnos a morder el fruto prohibido? ¿Siempre vale la pena vivir según las expectativas? ¿Qué pasa si el gran amor que hemos estado esperando toda nuestra vida nos hace romper las reglas? Dominic, Claire y Judy no solo enfrentan las convenciones en esta historia, pero también deben transcender sus propias limitaciones. En la vida de los tres protagonistas, el amor, la autoestima, la amistad y la traición están luchando entre sí. ¿Quién será el ganador verdadero?
76 páginas.El profesor (extracto)
Sonja Blonde
Dominic caminaba nervioso de un lado a otro del apartamento. Sabía que Judy malinterpretaría su presencia en el baile. Si se presenta, para ella sería obvio que él corresponde su interés. No quería ofender a su colega, pero quería evitar cualquier malentendido que pudiera suponer una serie de situaciones incómodas para él. Su mirada se detuvo un momento en el documento que había sobre su escritorio. Ahora estaba oficialmente divorciado. Con un gesto decidido, lo recogió y lo arrojó al último cajón. De todos modos, raramente metía la mano allí. No quería tirarlo por si en el futuro lo iba a necesitar, pero ya no tenía ningún significado para él. Ese papel era el final de un año de calvario. Por fin, ahora si podrá pasar página y olvidarse de esa historia. La casa la venderá cuando se le antoje. No tenía prisa, le gustaba el apartamento que había alquilado. Ya llegará el momento de comprar una nueva. Rara vez bebía alcohol, no le gustaba perder el control. Tomaba una o dos cervezas cuando estaba con amigos o cuando hacía mucho calor, pero nunca lo suficiente como para llegar a emborracharse. Sin embargo, ahora necesitaba beber algo que lo calmara un poco. Abrió la nevera, pero no encontró nada que sirviera para ese fin. Rebuscó decepcionado y finalmente se rindió. Tomó su teléfono y se fue a la tiendita que había justo debajo de su bloque. Una anciana con cara de aburrimiento le saludó de mala gana. —Buenas. ¿Qué quiere? —Una botella de bebida alcohólica. La vendedora lo miró fastidiada. —¿Pero qué tipo de bebida? —Pues no sé… digamos… —observó los estantes con su mirada—digamos que un Chivas. —¿Digamos? —preguntó de vuelta la señora. —Sí. Digamos que, o sea que eso —tartamudeó Dominic avergonzado. Ya se había arrepentido de haber ido a la tienda. Pagó la bebida y regresó con prisa al apartamento. Cuando llegó a su piso, ya no le apetecía beber whisky, pero se sirvió de todos modos una copa para aliviar la emoción que sentía. ¿Qué pasará si de verdad viene esa chiquilla coquetona? ¿Se presentara allí con su espesa melena, sus risueños ojos, sus encantadores hoyuelos y esa hechizante boca? ¿Qué pasará si viene al baile?
Y fue en ese momento cuando Karen entró en el salón de baile con su exuberante melena, sus risueños ojos, sus encantadores hoyuelos y su hechizante boca. Sus ojos buscaban nada menos que a él, a Dominic, el nuevo profesor de matemáticas.
*
Karen estaba cada vez más nerviosa y miraba sin parar hacia la puerta. Hace unos días ni siquiera sabía que ese hombre existía, y ahora se moría de ganas por volverlo a ver. Se sirvió un vaso de agua para calmarse. No quería que Emily notara que estaba nerviosa. Partió hacia el lavabo para lavarse la su cara enrojecida. Apenas había dado unos pasos cuando Dominic entró en la sala. Las dos miradas se encontraron inmediatamente y se fusionaron en una. Se sonreían sólo con los ojos, todos los demás músculos estaban demasiado debilitados. Ambos permanecieron inmóviles durante unos instantes, y luego Karen se dirigió hacia el hombre. Cuando se acercó a Dominic, lo miró con coquetería, asintió suavemente con la cabeza en señal de saludo y se dispuso a seguir con su camino. —Así que sigue sin querer pagarme el precio pactado. Karen se mordió el labio inferior y enarcó una ceja. —Ya sabe, por el viaje. No me entregó mi mitad de barra de proteínas. Karen sonrió. Sus preciosos dientes blancos se asomaron detrás de sus cautivadores labios. —No se preocupe, es toda suya, y créame, no tenía intención de irme sin pagar. —Cada rincón de su cara delataba que estaba bromeando. Dominic la miró con fascinación. Se acercó a su oído y le susurró: —No vaya ser que tenga que hacerla suspender por esto. Las rodillas de Karen temblaron al sentir el cálido aliento del hombre, su aterciopelada voz penetró su médula. Miró profundamente a los ojos del profesor. —No tomaría ese riesgo ni por asomo, Señor Smith. La intimidad fue interrumpida por un novato borracho que chocó contra ellos. Dominic fingió ayudar al joven a detenerse, pero más bien le dio un empujón para quitárselo de encima. Sin embargo, la situación ya no se pudo salvar, inmediatamente después Judy se plantó frente al hombre con su rostro resplandeciente. —¡Sabía que vendrías! —La mujer brillaba de felicidad. Karen se apresuró hacía los lavabos abochornada. Su corazón palpitaba con fuerza. No podía entender lo que le estaba pasando. No se reconocía a sí misma. Nunca había coqueteado con un hombre mayor, y ni siquiera había pensado nunca de esa forma en sus profesores. Además, estaba Noel, con quien realmente compaginaban bien.